El sector de la cuchillería siempre ha jugado un papel clave en la economía de Albacete. Desde hace años, la ciudad ha ido incrementando el prestigio de sus cuchillos y navajas, pero si hay algo que ha cambiado con las nuevas generaciones es la manera de crear estas piezas. La mayoría de negocios del sector se han ido industrializando, y son pocos los artesanos que participan en el proceso de creación desde cero.

Es el caso de Manuel Fernández Rovira (1983), natural de Albacete y que lleva 13 años a cargo de “Cuchillería Artesana Fernández”. Los orígenes de este negocio familiar se remontan al año 1925, cuando Juan José Fernández Martínez (bisabuelo de Manuel) se trasladó desde Huelva (Andalucía) hasta Albacete y, en busca de trabajo, acabó en el sector de la cuchillería. Le seguiría el legado su hijo Telesforo Fernández Expósito, quien abrió su propio taller en 1955, negocio que heredó Manuel Fernández Panadés, y que continúa a día de hoy en manos de la cuarta generación.

Manuel Fernández Rovira terminó en el sector por herencia familiar, aunque siempre había estado vinculado con la cuchillería y las navajas. “Yo siempre ayudaba a mi padre en el tema de grabados porque se me da muy bien el dibujo”, comenta. A pesar de haber sido administrativo y luego militar, a día de hoy lleva las riendas del negocio desde el fallecimiento de su padre.

Su entrada en el negocio mantiene la forma de elaborar las piezas, ya que la artesanía tiene técnicas muy antiguas que trabajan desde la raíz, pero donde sí reside su innovación es en el tipo de materiales y diseños que se utilizan para crear las navajas. Eso sí, produce nuevas elaboraciones sin dejar de hacer la navaja clásica, la española.

Muchas horas de trabajo, con mascarilla, tragando mucho polvo, e incluso quemándose los dedos, traen como resultado las creaciones de Manuel Fernández, que son piezas únicas. “Yo uso materiales naturales: cuernos, hueso, caparazones, pieles. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo una pieza con un fósil de mamut”, ha explicado, aunque entre sus materiales también incluye minerales. Teniendo en cuenta que realiza las navajas de principio a fin, todo de manera artesanal, los modelos pueden tardar en hacerse unas 4-5 horas, aunque a algunas piezas puede dedicarle incluso días o semanas.

Navajas desde 70 hasta 4.000 euros.

Fernández clasifica sus elaboraciones en varias categorías: Classic, Collection, Exotic, Minimalist o Safari, dependiendo de los materiales usados y su aspecto final. En cuanto al precio, este puede variar desde los 70 hasta superar los 4.000 euros. De hecho, su pieza más cara actualmente, la ‘Navaja de lujo de leontina’, tiene un coste de 4.275 euros. “Es una navaja de oro y diente de mamut. Si esa misma navaja fuera de latón, costaría unos 800 euros”, ha matizado.

Sus piezas más vendidas son de cuchillería española, especialmente reconocida en España e Italia. “Estoy feliz porque todo lo que fabrico se vende”, ha asegurado Fernández, cuyo negocio registra aproximadamente un 60 % de ventas en España, un 20 % en Europa y otro 20 % restante en países repartidos por el mundo.

Todo ello, de la mano de un negocio en el que solo trabaja él mismo, y en el que las empresas cada vez están más industrializadas. “Aquí en Albacete, el barrio donde está mi taller era un barrio de cuchillerías, pero ahora mismo estoy yo solo”, ha relatado. De los 15 talleres artesanales que había hace unos años, ahora solo queda el de Manuel. “La cuchillería de Albacete se ha abierto al mundo de manera espectacular y sigue siendo muy potente, incluso más que hace años, pero la artesanía no”.

Esto pone de relieve una realidad: la industria cuchillera crece mientras que los talleres artesanales bajan. “De cara al futuro no sé qué pasará, pero esto es un trabajo duro que no gusta a las nuevas generaciones”, ha aseverado Fernández.

Mientras tanto, habrá que disfrutar de aquellos negocios artesanales que siguen adelante a pesar de los años y que, como en el caso de Manuel, le permiten desarrollar su creatividad y pasar las ideas desde su cabeza hasta el aspecto físico final de sus piezas. De cara al futuro, aunque este artesano albaceteño no se imagina dedicando toda su vida profesional al sector, siempre habrá un hueco para la elaboración de navajas. “Esto no es solo mi trabajo, también es mi hobby y es algo que me apasiona”.